Nuestros Patrones
 
 
Es con sumo placer el informar la elección de nuestros Patrones Luis y Celia Martin en esta celebración de 40 años de existencia del Movimiento Familia de Jesús.   Suplicamos que se unan en oración por la intercesión de  estos Santos Esposos por la santidad de nuestros matrimonios, de nuestras familias y que nuestros hijos aspiren a la santidad para  que nuestro Movimiento aporte a la Iglesia Universal, con la Ayuda de Dios y encomendados a la Virgen María como nuestra protectora.
 
Causa de canonización
 
Los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin, fueron declarados Santos el 18 de octubre de 2015. El milagro que posibilitó la canonización fue el obrado en una niña española que nació de forma prematura y con gravísimas complicaciones, entre ellas, una hemorragia ventricular grado IV.  Fue entonces cuando, ante la imposibilidad médica de sanarla, los padres se encomendaron al matrimonio Louis Martin y Zélie Guérin, que habían sido beatificados recientemente. A partir de ese momento, la niña experimentó un “restablecimiento asombroso y sin explicación médica alguna” y hoy se encuentra “perfectamente y sin la más mínima secuela”. 
 
No estamos habituados a pensar en la santidad de un matrimonio, porque nuestra experiencia nos lleva a unir la santidad a un individuo. Juan Pablo II se atrevió a ir más allá de los esquemas, beatificando a Luis y María Beltrame Quattrocchi. Después, el Papa Benedicto XVI decidió añadir a ellos a los cónyuges Martin, a fin de mostrar a los padres y madres de familia de todo el mundo la grandeza de la vocación a la vida conyugal. Así se concreta la invitación de Juan Pablo II: "Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este "alto grado" de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (Novo millennio ineunte, 31) y del concilio Vaticano II: "Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (Lumen gentium, 40). 
 
Luis y Celia eran dos jóvenes de recia formación cristiana que habían querido entrar en la vida religiosa, pero no resultó para ninguno de los dos. Por el año 1858 Luis, de 34 años, se dedicaba al oficio de relojero/joyero, en el cual tuvo no poco éxito, llevando a cabo sus negocios con rectitud insobornable; Celia, a sus 26 años, dirigía una industria doméstica de bordados conocidos como "puntos de Alençon". Ambos vivían holgada y muy cristianamente. Tuvieron un primer encuentro fortuito, en el cual Celia sintió una voz que le decía interiormente "Este es el hombre predestinado para tú" (a ese entonces no lo conocía). Después de un muy breve enamoramiento (3 meses) se casaron el 12 julio 1858, a las 22h en el ayuntamiento de Alençon y el 13, a media noche, según costumbre de aquella época, en la Iglesia de Nuestra Señora.  Inicialmente acordaron permanecer como "hermano y hermana": Luis tenía toda una justificación teológica para apoyar su pedido, que Celia aceptaba aunque había querido ser madre de muchos hijos. El mismo día de sus bodas visitaron a la hermana de Celia, religiosa en el monasterio de la Visitación, y Celia le confió que hubiera sido más feliz como religiosa, y lloraba amargamente la vida que le tocó. 
 
Fue sólo la oportuna (y enérgica) intervención de un confesor 10 meses más tarde que los hizo desistir de ese plan y aceptar ser padres de familia, expresando de otro modo su amor y dedicación al Señor, apuntando a la formación de una familia bien católica. ¿Podemos considerar este corto período que inició un matrimonio muy fecundo (9 hijos) y santo (no sólo en los hijos, sino también en los padres) como un "noviciado", como graciosamente sugiere el biógrafo de la familia. Los nombres de las  hijas; Marie, Pauline, Leonine, Celine, Marie Francoise Therese (Teresita).
 
La vida familiar de Luis y Celia Martín, definitivamente, no era ningún "jardín de rosas". Si bien en 1863 Celia podía escribir: "Cada día me siento más dichosa con él; me hace la vida muy grata. Mi esposo es un santo," entre los años 1865-1870 sufrieron 6 muertes en la familia: los papás de Luis y de Celia, los dos únicos hijos varones en infancia (en quienes habían puesto sus esperanzas de tener un sacerdote en la familia), y luego una, después otra, de sus hijas. Todas estas tristezas sobre- llevaron con espíritu de fe y abandono a los planes de Dios, como consta en las cartas de la Sra. Celia.
 
Cuando estaba por concebir a la que sería un día Sta. Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, Celia ya tenía 41 años, y las amistades aconsejaban no arriesgar tener otros hijos, porque su propia salud estaba muy minada. Pero esta pareja había aprendido tiempo atrás que la Providencia de Dios, si da más trabajo, da también las fuerzas para cumplir cabalmente lo que Dios pide de uno.
 
Si la familia Martin confiaba en la Divina Providencia, no fue porque no sabían ganarse la vida a fuerza de sacrificios con el trabajo cotidiano: Luis era muy trabajador y buen negociante (también escrupuloso observador del descanso dominical); Celia destacaba en su capacidad y habilidad en el trabajo, pero también por las virtudes de compasión y solidaridad para con las obreras que trabajaban en su taller (solía visitar a las enfermas en sus casas los domingos) y las chicas que trabajaban en su hogar, (haciendo el trabajo que les tocaba cuando se enfermaban, tratándolas de "hermana", velando por su formación moral...).
 
Los dos esposos asistían a misa diariamente, y reunían a la familia para las oraciones diarias alrededor de una imagen de la Virgen. Pero la herencia espiritual que dejaban a sus 5 hijas que vivieron hasta la edad adulta era mucho más que sólo oraciones y devociones: era una visión integral de la vida cristiana que ponía todo en perspectiva de la absoluta superioridad de la gracia de Dios y la vida eterna: "Mi padre y mi madre profesaban una fe honda y, al oírles hablar a ambos de la eternidad, sentíamos todos, con ser tan jóvenes, inspiradas a considerar las cosas del mundo como pura vanidad."
 
Por su parte, “los santos esposos Luis Martin y María Celia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”.
 
Entre las vocaciones a las que los hombres son llamados por la Providencia, el matrimonio es una de las más nobles y elevadas. Luis y Celia comprendieron que podían santificarse no a pesar del matrimonio, sino a través, en y por el matrimonio y que sus esponsales debían ser considerados como el punto de partida de un camino recorrido por los dos. Hoy, la Iglesia no admira solamente la santidad de estos hijos de la tierra de Normandía, un don para todos, sino que se mira en esta pareja de Santos que contribuyeron a que el matrimonio dentro de la Iglesia fuese más bello y profundo. La Iglesia no admira sólo la santidad de su vida, sino que reconoce en esta pareja la santidad eminente de la institución del amor conyugal, tal como lo concibió el mismo Creador.
 
El amor conyugal de Luis y Celia Martin es un puro reflejo del amor de Cristo por su Iglesia; es también un puro reflejo del amor con el que la Iglesia ama a su esposo, Cristo. El Padre” nos ha escogido antes de la creación del mundo, para que seamos santos e irreprochables ante Él, en el amor” (Ef. 1,4)
 
Luis y Celia son un don para los esposos de todas las edades por la estima, el respeto y la armonía con la que se amaron durante 19 años. Celia escribía a Luis: “No puedo vivir sin ti, querido Luis”. Y él le respondía: “Soy tu marido y amigo que te ama para toda la vida .Vivieron las promesas de su matrimonio:  la fidelidad y la indisolubilidad de su unión, la fecundidad de su amor, tanto en la alegría como en las pruebas, en la salud como en la enfermedad.
 
Por el MFDJ estar en estos comienzos; en una infancia temprana de 40 años en Puerto Rico y esperando que la guía del Espíritu Santo nos lleve donde Dios quiera, es que hacemos oración a nuestros Patrones Luis y Celia Martin para que intercedan ante Nuestro Señor Jesucristo por la santidad de nuestros Matrimonios y Familia.
  
 


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